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Guadalquivir

febrero 20, 2007
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¡¡Buenas, aprendices de Tumbaítos!! Ya vuelve la Forma, y no con cualquier cosa, sino con esta foto tan maravillosa, obra de mi suegro (uy, que mal suena eso…), el pasado domingo, a bordo de la barcaza que atraviesa el Guadalquivir por Coria. Nos dirigíamos a Cádiz, y decidimos tomar ese camino, con lo cual me ofreció la oportunidad de vivir una experiencia inédita e inolvidable para mí, y a la vez se brindó a sí mismo la ocasión de tomar una instantánea tan increíble como esta (click en la imagen para ver más grande).

Me llama la atención la fotografía por el contraste existente entre la “civilización”, el mundo urbano que representa la cornisa del Aljarafe (lo cual, por desgracia, indica que cada vez queda menos de esa riqueza autóctona que hace especial a la comarca) y la esencia rural y arbórea de la margen opuesta, aún en término municipal de Coria del Río, pero camino de Los Palacios y Villafranca, en el Bajo Guadalquivir. Dos universos contrapuestos, como si se encontraran uno frente a otro en un espejo que mostrara la realidad al revés.

Y ese espejo no es otro que el del Guadalquivir, gran río de alma eterna, que ve pasar por sus aguas el rumor impasible del tiempo y las vidas efímeras de las gentes de todas las épocas. Vidas como la tuya, como la mía, jóvenes y alegres, pero que algún día se tornarán arrugadas, como las manos del abuelo que, cabalgando la mañana a lomos de su vieja motillo, se enfunda su cara curtida por la edad y la experiencia en un pañuelo marismeño (sí, ya sé que es una bufanda, pero quedaba bonito en este contexto), rumbo a la batalla con la labor cotidiana.

Una bella estampa, que a simple vista puede decir poco, pero que, a poco que se conozca el lugar o que se le busque el sentido a la situación, resulta totalmente cargada de lirismo, de emotividad, de poesía. Y mientras lo vivía, me sentía flotar sobre las olas del Gran Río, con los destellos del carro de Helios bañándome el rostro…

Marismas del Guadalquivir,
donde vivieron los moros
que no se quisieron ir.

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5 comentarios leave one →
  1. febrero 20, 2007 7:31 pm

    Este artículo, ni Antonio Burgos.

  2. febrero 20, 2007 9:00 pm

    Jajajaja, qué exagerao!! Tampoco es pa tanto, Maister!! 😀

  3. Esther permalink
    febrero 20, 2007 9:23 pm

    ¡Qué lirismo, Jesu! Afortunadamente aún quedan parajes inhóspitos aislados de la civilización y en los que poder disfrutar de la naturaleza. Esperemos que no los descubran nuestros políticos, no vaya a ser que algún “espabilaillo” recalifique los terrenos. Je, je, je!

  4. febrero 20, 2007 9:52 pm

    Me encanta Isla Mayor…

  5. febrero 20, 2007 10:19 pm

    A mí también, Pablo, es un sitio magnífico. Un día tenemos que ir. Quizás a hacer fotos. 😉

    Y sí, Esther, algún que otro sitio queda del que aún se puede decir que tiene belleza, pero por desgracia cada día están siendo más arrinconados por la puta especulación. 😦

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