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Febrero

febrero 7, 2007
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Hoy me hallo aquí, en el mismo sitio y a la misma hora. No importa la impresión de una marcha más que la gente ha dado a su ritmo de vida cotidiano, ahora que se acerca el momento decisivo, en el último suspiro, ni tampoco su falso aplicamiento, como para guardar las formas, ante la gran carnicería parapetada tras el disfraz de examen. No tiene trascendencia en mi devenir lo que hagan los demás. Siempre fui muy peculiar, tú ya lo sabes.

Hoy el día se ha acordado de mí, como tantas otras veces, y se ha vestido con su tradicional sayo gris, raído de tanto usarlo. Me ha abrazado y acogido nada más toparme de cara con él en la puerta de mi casa. Una fina cortina de agua me resbala por la cara, como lágrimas invisibles, al tiempo que el frío me cala el ánimo.

La niebla desciende un poco más hasta invadir por completo mi se, y convertirme en un fantasma viviente que recorre los andenes de la estación con gesto y ropajes a la par igual de oscuros y sobrios. Un hormiguero de pasos avanza en dirección opuesta a mí, cual símbolo de mi desesperada y estéril batalla contra el mundo. Cientos de cuerpos sin rostro, sin espíritu, sin ningún detalle que añadir a las páginas en blanco del libro de la intrahistoria. Miradas que se pierden en algún punto indeterminado, sin reparar en mi nula presencia.

Humo y ruído de motores. Espera. Retrasos. Monotonía en el ambiente. Sobre la pasarela, las dos manecillas de un reloj parado juegan insolentemente a desafiar a la maquinaria de la prisa. Tiempo detenido, que me retiene lejos de ti.

Y hoy los pájaros no cantan. Ya no quedan hojas caídas que pisar. La cálida caricia de la brisa marismeña huyó hace tiempo camino de algún lejano paraje, y las bombas que dejaron tras de sí un silencio sepulcral y dos sepulcros silenciosos ya no son noticia. Las olas del río van arrastrando los restos escarchados de los sentimientos de los enamorados caídos en la batalla por una buena causa. Los últimos ecos moribundos de un verano apoteósico resuenan en mi cabeza gracias al arte de magia de mi mp3, ahora que los escritos que dejé a medio empezar son pasto del olvido. De todo aquello que ayer aconteció, hoy ya no queda nada que contar.

Creo que esto ya lo dijeron otros labios, en otro sitio, y en otro momento, pero como ya te digo, en este día nada importa. Hoy es Febrero, y me duele estar sin ti.

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2 comentarios leave one →
  1. Myriam permalink
    febrero 7, 2007 12:28 pm

    Hola niño!!

    Ya te lo dije en su día cuando nos conocimos, que vales mucho, que escribes la hartá de bien, y con cada cosa que leo estoy más que segura de ello 😉

    Es precioso el texto, también te lo dije en su día 😛 Estoy deseando que pasen los exámenes ya para que nos veamos.

    Besos

  2. Batibuti permalink*
    febrero 7, 2007 8:18 pm

    Coño, la Myriam!!! jajajajaja, saludos. Qué alegría que personajes tan conocidos pasen por aquí!!! Y sí, Jesu, está muy bien lo que has escrito y sí, a ver si pasan los exámenes.

    En Publi… hubo fuego… y hay ira… en Junio iré a por todas con Publicidad.

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